Guía · Fuego y pólvora

Fiestas del fuego en España: fallas, hogueras y noches de San Juan

Monumentos que arden, hogueras en la playa, correfocs y pasos sobre brasas: dónde y cuándo se celebran las fiestas del fuego en España.

En España hay una manera muy concreta de celebrar, que consiste en construir algo durante meses para quemarlo en una noche. La idea aparece en sitios muy distintos y con explicaciones muy distintas, del solsticio de verano a la fiesta del patrón, pero el gesto es siempre el mismo: encender, mirar cómo arde y empezar de cero. Esta guía reúne las fiestas del fuego que seguimos en FiestasMap, ordenadas por lo que se quema y por cuándo, con lo que conviene saber para verlas sin acabar con una quemadura o sin oír nada durante dos días.

Marzo: las Fallas y los monumentos de cartón

Las Fallas de Valencia son la fiesta del fuego más grande del país y también la más malentendida: casi ochocientos monumentos de cartón piedra, ingenio y crítica social se plantan en calles y plazas, y arden todos la noche del 19 de marzo en la Cremà. Entre medias hay mascletá diaria a las dos de la tarde en la plaza del Ayuntamiento, que no es un espectáculo visual sino sonoro, y la Ofrenda de flores a la Virgen de los Desamparados. Están declaradas Patrimonio Inmaterial de la Humanidad por la UNESCO.

Lo que mucha gente no sabe es que las Fallas no son solo de Valencia capital. En la misma semana de marzo plantan y queman sus monumentos Alzira, Xàtiva, Torrent, Sagunto, Benicarló, Alboraya, Paiporta y La Vall d'Uixó, entre otras localidades. Son la misma fiesta con mucha menos gente, y para muchos visitantes son la mejor manera de verla. Hay incluso una falla fuera de temporada: Elda quema las suyas en septiembre.

La noche de San Juan, del 23 al 24 de junio

La noche más corta del año es la gran cita del fuego en España, y se celebra de norte a sur con formas distintas. En Alicante, las Hogueras de San Juan funcionan como unas Fallas de verano: comisiones de barrio plantan monumentos que arden en la Cremà del día 24, tras días de mascletás, desfiles y verbenas, y la noche acaba con una entrada al mar entre fuegos artificiales.

En la cornisa cantábrica y en Galicia la hoguera es de playa. La Noite de San Xoán da Coruña llena de fuego todos los arenales de la ciudad, de Riazor al Orzán, y miles de personas queman objetos viejos para espantar a las meigas y saltan las llamas para atraer la suerte. En Cantabria pasa algo parecido en las Hogueras de San Juan del Sardinero, en Santander, y en pueblos como Pontejos o Cuchía. En Asturias, la Noche de San Juan de Ribadesella junta hoguera y mar en la misma noche.

Baleares tiene su propia versión, y no va de hogueras sino de caballos: en las Festes de Sant Joan de Ciutadella casi doscientos caixers a caballo se abren paso entre la multitud en la plaza des Born, en la fiesta más antigua de Menorca, documentada desde el siglo XIV. En Formentera, la Nit de Sant Joan a La Mola tiene un tamaño mucho más humano.

El fuego que se cruza a pie

En San Pedro Manrique, en la sierra de Soria, la noche de San Juan no se pasa alrededor del fuego sino por encima. Los vecinos nacidos en el pueblo cruzan descalzos y en silencio una alfombra de brasas de unos quince centímetros, a veces cargando a otra persona a la espalda. El rito, de posible origen celtibérico, es Fiesta de Interés Turístico Nacional y atrae cada año a antropólogos y curiosos: el recinto es pequeño y las entradas son limitadas, así que hay que informarse con tiempo.

En Cataluña el fuego se corre. El correfoc pone a diables y bestias de fuego a avanzar entre la multitud al ritmo de los tabals, y quien se mete dentro va cubierto de pies a cabeza. La versión más impresionante y más antigua es La Patum de Berga, durante la semana de Corpus, con gigantes, turcs i cavallets, mulasses y un Ball de Diables con fuego real en la plaza de Sant Pere. Está reconocida por la UNESCO como Obra Maestra del Patrimonio Oral e Inmaterial.

Pólvora sin monumento

No todas las fiestas del fuego queman una figura. La Cordà de Paterna cuelga cerca de setenta mil petardos de cuerdas tendidas sobre las calles del casco histórico y los detona en unos veinticinco minutos, con cientos de participantes protegidos con ropa especial. Es la madrugada del último domingo de agosto y el perímetro de seguridad existe por una razón.

En Aragón el fuego va montado sobre el toro. Las fiestas de San Roque en Chiprana y las de San Bartolomé en Bolea incluyen el toro de fuego, y en la Comunidad Valenciana la variante se llama bou embolat. En Huelva, la Quema de las Gamonitas de Rociana del Condado enciende en diciembre los tallos secos de gamón que dan nombre a la fiesta, y en Navarra el Carnaval de Lantz termina siempre igual, con el bandido de paja Miel Otxin juzgado y quemado en la plaza.

Cómo verlas sin llevarte un disgusto

  • Una mascletà no se mira, se escucha, y suena mucho más fuerte de lo que esperas. Si vas con niños o eres sensible al ruido, quédate lejos del perímetro y usa tapones.
  • En un correfoc, la ropa es el equipo: algodón grueso, manga y pantalón largos, gorro, zapato cerrado y nada de fibras sintéticas, que se funden con la chispa.
  • En las cremàs y en las hogueras de playa, el fuego se acota y hay servicios de emergencia trabajando. Respetar la distancia marcada no es una formalidad.
  • La noche de San Juan el transporte público de las grandes ciudades suele reforzarse, pero los accesos a las playas se colapsan igual. Llegar pronto y volver a pie es casi siempre más rápido que el coche.
  • Si las Fallas de Valencia te parecen demasiado multitudinarias, elige una localidad de la misma semana: la fiesta es la misma y el alojamiento cuesta mucho menos.

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