Guía · Carnaval

Carnavales de España: de las coplas de Cádiz a las mascaradas de invierno

Los carnavales españoles no son todos iguales: coplas, comparsas, pantallas, peliqueiros y mascaradas ancestrales. Dónde va cada uno y en qué fechas.

El carnaval español se suele contar como si fuera una sola cosa, disfraces y desfile, y en realidad son al menos tres tradiciones distintas que coinciden en el calendario. Una es urbana y satírica, con coplas escritas para reírse del poder. Otra es la del gran desfile de comparsas, con plumas, música y una estética que mira al Caribe. Y la tercera, mucho más antigua, no tiene nada que ver con las otras dos: son mascaradas de invierno en pueblos pequeños, con personajes cubiertos de pieles y cencerros que salen a espantar el año viejo, y que en algunos sitios ni siquiera caen en las fechas oficiales del carnaval. Esta guía las separa para que elijas con conocimiento.

El carnaval de la letra: Cádiz

En el Carnaval de Cádiz lo importante es el texto. Chirigotas, comparsas y coros llevan meses escribiendo coplas para reírse de la actualidad, y el Concurso Oficial de Agrupaciones Carnavalescas se celebra en el Gran Teatro Falla durante semanas antes de que la fiesta salga a la calle. Se puede vivir de dos maneras muy distintas: siguiendo el concurso desde el teatro, con entrada, o saliendo al casco antiguo los fines de semana grandes, donde las agrupaciones ilegales cantan en cualquier esquina y el ambiente no para en toda la noche.

Si te interesa esta vertiente pero Cádiz te queda lejos, hay versiones cercanas en la misma provincia y alrededores, como el Carnaval de Isla Cristina en Huelva, el de Córdoba o el de Alhama de Granada.

El gran desfile: Canarias, Extremadura y el Mediterráneo

El Carnaval de Santa Cruz de Tenerife se prolonga durante más de un mes de galas, murgas y desfiles, con raíces documentadas desde el siglo XVIII y una gala de elección de la Reina que se sigue en todo el archipiélago. El de Las Palmas de Gran Canaria dura seis semanas y tiene en la Gala Drag Queen su acto más conocido, con la Gran Cabalgata y el Entierro de la Sardina como despedida.

En la península, el Carnaval de Badajoz es el que más ha crecido en los últimos años: unas ciento cincuenta mil personas en la calle y alrededor de siete mil participantes en el Gran Desfile, con declaración de Interés Turístico Internacional desde 2022. El de Águilas, en Murcia, la tenía desde 2015 y ordena sus diez días en torno a la Musa, Don Carnal, Doña Cuaresma y la Mussona.

En Cataluña, el Carnaval de Sitges es el más animado del país en clave de disfraz, con las rúas del domingo y el martes recorriendo el paseo marítimo, y el de Solsona, prohibido durante el franquismo y recuperado en los setenta, tiene como acto central la Pixada del Ruc, un burro de cartón colgado del campanario. En la costa de Castellón, el Carnaval de Vinaròs es el gran carnaval del Maestrat.

El Entroido gallego: máscaras, harina y ceniza

Ourense concentra el carnaval más antiguo y más agresivo de España, y no es una exageración retórica: aquí las máscaras persiguen y golpean. En el Entroido de Laza, los peliqueiros salen con careta de madera pintada, casaca bordada de inspiración francesa y cencerros a la cintura, y fustigan con correas a quien se cruza; el momento más recordado es la fariñada, una lluvia colectiva de harina sobre la plaza da Picota. En el de Verín, el cigarrón viste un traje bordado que puede pesar hasta veinticinco kilos y nunca muestra la cara en público.

El Entroido de Xinzo de Limia es el ciclo más largo de España, cinco domingos consecutivos, y sus pantallas golpean con vejigas de animales secas e hinchadas: es el único Entroido gallego declarado de Interés Turístico Internacional. Fuera de Ourense, el Entroido do Ulla enfrenta a xenerais y xeneralas a caballo en duelos de versos improvisados, y el de Cobres, en Pontevedra, saca a madamas y galáns con tocados de flores.

Mascaradas de invierno: lo más antiguo del calendario

Estas fiestas ni siquiera caen siempre en carnaval. La Vijanera de Silió se celebra el primer domingo del año y está considerada el primer carnaval de Europa: osos, viejos y una comitiva de personajes de raíz ancestral escenifican la expulsión de los males del año viejo. Los Carnavales de Ituren y Zubieta abren el calendario navarro a finales de enero, con los joaldunak avanzando al unísono con dos grandes cencerros a la cintura, un lunes en Ituren y un martes en Zubieta.

En el Pirineo aragonés, el Carnaval de Bielsa saca a las trangas, cubiertas de pieles de cabra y cuernos, y a un oso de paja llamado Onso al que se doma a base de vino, y sobrevivió a la prohibición de 1939. El Carnaval de Lantz captura, juzga y quema a un bandido de paja, Miel Otxin, mientras Ziripot cae una y otra vez derribado por el Zaldiko.

Castilla-La Mancha guarda dos casos extraordinarios. La Endiablada de Almonacid del Marquesado saca a comienzos de febrero a unos ciento treinta diablos cargados de cencerros, en una fiesta documentada desde 1633, y el Carnaval de Botargas de Almiruete, en la sierra de Guadalajara, enfrenta a botargas y mascaritas. En Extremadura, El Jarramplas de Piornal pone a un personaje enmascarado a tocar el tambor mientras el pueblo entero le lanza nabos, y hay lista de espera de años para encarnarlo.

Carnavales con un giro propio

El Carnaval del Toro de Ciudad Rodrigo es el carnaval taurino más antiguo de España: cinco días de encierros, capeas y disfraces dentro del recinto amurallado, con documentos que lo sitúan en el siglo XV. El Carnaval de Santoña gira en torno a un juicio disparatado, el del besugo enamorado de una sirena, que termina quemado en las aguas de la bahía.

En el País Vasco, el Carnaval de Tolosa recuperó seis días de fiesta que durante cuarenta años se camuflaron como Fiestas de Primavera para burlar la prohibición, con el desfile del Toro del Aguardiente como acto emblemático. Y en Asturias el carnaval se llama Antroxu: el Antroxu de Gijón cierra con el Entierro de la Sardina y el Carnaval de Verano de Luanco traslada la fiesta a agosto, para quien quiera carnaval sin frío.

Qué tener en cuenta

  • Las fechas se mueven cada año porque dependen de la Cuaresma, y varias de estas fiestas caen fuera de ese marco: la Vijanera es el primer domingo de enero, Ituren y Zubieta a finales del mes y La Endiablada a comienzos de febrero.
  • En las mascaradas los personajes golpean o persiguen de verdad, y forma parte del rito. No son un espectáculo con público pasivo: infórmate antes y colócate donde te indiquen los vecinos.
  • En el Entroido de Laza hay harina, hormigas y barro según el día. Ve con ropa que puedas tirar o lavar sin pena.
  • Los pueblos pequeños no tienen capacidad hotelera para estos días. Conviene reservar en la cabecera de comarca y llegar en coche o autobús.
  • En Cádiz, las dos experiencias son distintas y cuestan cosas distintas: el concurso del Falla necesita entrada y planificación, la calle solo necesita aguantar.

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